Soyo con tortillas

En estos días y en Radio Chaco Boreal nos preguntábamos por qué Fernando Lugo, el que iba a ser diferente, el hombre del cacareado cambio, se sigue yendo un día a la semana a hacer oficina en el Comando en Jefe.

Es comprensible que lo haya hecho Stroessner, que era un militarote. O que lo haya hecho Rodríguez, que también era militar. O que los sucesivos gobernantes de la transición lo hayan hecho siguiendo una tradición llamemosla colorada. Pero, por qué lo hace Lugo?

Si el Presidente necesita saber de temas militares o dar órdenes tiene la posibilidad de comunicarse con las Fuerzas Armadas a través de su ministro de Defensa o de convocar a su despacho presidencial, que es desde donde tiene que gobernar, a los jefes militares que él quiera.

Hasta por una cuestión de seguridad del Presidente, éste no debería andar trasladándose de acá para allá en el cumplimiento de sus funciones. Lo lógico es que sus subordinados vayan a verlo y no que él vaya a ver a sus subordinados.

Esto ocurre en un país en el que casi ya no existen las Fuerzas Armadas, nos estamos quejando de su limitado presupuesto, sin que haya ninguna guerra en desarrollo y en que los militares, definitivamente, han perdido todo protagonismo político. Lo más resaltante que pasó en la esfera militar en los últimos tiempos fue la orgía entre cadetes del Colegio Militar. La anécdota del ministro de Defensa y su carta a la embajadora de los Estados Unidos ni cuenta. El ministro de Defensa no forma parte de la cadena de mando militar.

El sabio pensador contemporáneo Erico González me dijo que una de las razones de esta casi humillación presidencial podría ser el soyo con tortillas que le preparan los militares los días de audiencia en el Comando en Jefe. Sabiendo cómo es Lugo -un hombre al que los placeres del poder lo subyugan- no sería nada raro que Erico tuviera razón.

La práctica es de la más rancia tradición de subordinación de la civilidad a los militares. Pero sigue tan en boga con Lugo a pesar de su alharaqueada intención de “cambio”.

Como si no hubiera en el país suficientes problemas para resolver, nuestro Primer Mandatario se pasa todo un día de cada semana rascándose en el Comando en Jefe. Ese tiempo bien podría dedicarlo a ocuparlo en cosas más constructivas.

Lugo no tiene la intención de cambiar nada. Ni siquiera las costumbres de subordinación del poder a los militares. O realmente quiere el cambio pero le resultan irresistibles los desayunos de soyo con tortillas. Pero eso ningo le pueden cocinar en el Comando en Jefe y llevar en una vianda calentita hasta el Palacio en menos de cinco minutos, si eso es lo que quiere.

Si ya usó una vez el helicóptero para ir a un almuerzo, qué le puede costar hacerse llevar el desayuno también, una vez a la semana. No sé si me explico.

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